jueves, 2 de diciembre de 2010

Al otro lado del estrecho

"Estoy tumbado en la arena de la playa, una playa de Cádiz cuyo nombre no me acuerdo. Miro atrás, hacia mi tierra. Ya no se ve. Estoy contento por ello, siento que sobre el suelo español se camina mejor. Pero también estoy cansado, debilitado, con frío... y con miedo. Tengo miedo. ¿Qué me pasará? Soy un inmigrante ilegal, un "invitado inesperado". Observo mi alrederor. Está oscureciendo. Tengo sueño. Duermo.

- ¿No tienes frío?- me despierta una mujer mayor, pero en forma para andar todas las mañanas por la playa.- Ven conmigo, anda. Te daré algo caliente.
Y la sigo. Con miedo pero también con esperanza.
Sagrario, esa mujer en forma, me lleva hasta su casa, en primera línea de playa, y me sirve un café y unas pastas... ¡Qué manjar! Yo la sonrió agradecido, y tímidamente le comienzo a explicar mi situación. Si he sido valiente para cruzar el estrecho, ¿cómo no voy a serlo para dialogar con tan generosa mujer?Pero imagino ya mi vuelta a mi tierra: supongo que no soy bienvenido, me repatriarán.

Pero Sagrario me sorprende y me cambia los pensamientos al mostrarme una gran sonrisa, y decirme que su marido está buscando un mozo que le ayude con su trabajo. Y me propone que sea yo. También me propone vivir en su casa hasta que encuentre algo mejor, y que hablará con una amiga suya, del ayuntamiento. Me da esperanzas. Ahora siento que todo irá bien.




Trabajé como ayudante en el taller de Juan, el marido de Sagrario, durante 8 años, mientras me formaba como animador para un hotel. Nunca podré estar más agredecido con nadie como lo estoy con Sagrario y Juan. Me abrieron las puertas a un nuevo futuro. Gracias."

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