- ¿No tienes frío?- me despierta una mujer mayor, pero en forma para andar todas las mañanas por la playa.- Ven conmigo, anda. Te daré algo caliente.
Y la sigo. Con miedo pero también con esperanza.
Sagrario, esa mujer en forma, me lleva hasta su casa, en primera línea de playa, y me sirve un café y unas pastas... ¡Qué manjar! Yo la sonrió agradecido, y tímidamente le comienzo a explicar mi situación. Si he sido valiente para cruzar el estrecho, ¿cómo no voy a serlo para dialogar con tan generosa mujer?Pero imagino ya mi vuelta a mi tierra: supongo que no soy bienvenido, me repatriarán.
Pero Sagrario me sorprende y me cambia los pensamientos al mostrarme una gran sonrisa, y decirme que su marido está buscando un mozo que le ayude con su trabajo. Y me propone que sea yo. También me propone vivir en su casa hasta que encuentre algo mejor, y que hablará con una amiga suya, del ayuntamiento. Me da esperanzas. Ahora siento que todo irá bien.
Trabajé como ayudante en el taller de Juan, el marido de Sagrario, durante 8 años, mientras me formaba como animador para un hotel. Nunca podré estar más agredecido con nadie como lo estoy con Sagrario y Juan. Me abrieron las puertas a un nuevo futuro. Gracias."
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